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DEL SIGLO XIX SE HA LOGRADO MANTENER LA TRADICIÓN DE construir arcos triunfales con vegetación, para evocar de manera simbólica, el carácter heroico y victorioso del grandes figuras como la del Libertador Simón Bolívar. De igual manera, llaman la atención tres laureles plantados en los alrededores de la fuente de lavapatas en el sector sur de la casa. Con el laurel se acostumbra a coronar a los héroes, y a quienes luchan sin cesar por conquistar sus ideales, desde el desesperado esfuerzo de Apolo por lograr el amor de Daphne, convertida en laurel, en la mitología griega hasta el momento en el que Bolívar recibe en Cuzco el 21 de junio 1825 una corona de laurel, fundida y repujada en oro con precisión y maestría. La nobleza del laurel (Laurus nobilis) está representada en su permanente color verde y en su eternidad, debido a su habilidad natural de regenerarse permanentemente por brotes de raíz. Su longevidad es tal, que el hecho de plantar un laurel era considerado un acto de territorialidad y fundación para la corona española en época colonial.
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