
Historia, arte y naturaleza
El proyecto (Historia) - Arte - Naturaleza, que con esta exposición llega a su quinta versión, podría entroncarse en una larga tradición del arte colombiano. Esta prestigiosa serie
de instituciones, artistas y trabajos arranca, sin ninguna duda, en el siglo XVIII, con la escuela de dibujantes que José Celestino Mutis (1732 - 1808) fundó para dar cuenta de las
actividades científicas de la Expedición Botánica; continúa, a mediados del siglo XIX, con La Comisión Corográfica, conformada por el geografo italiano Agustín Codazzi (1792 -
1859), al lado de los científicos Manuel Ancízar (1812 - 1882), José Jerónimo Triana (1826 - 1890), y los artistas Carmelo Fernández (1809 - 1887), Manuel María Paz (1820 -
1902) y Enrique Price (1819 - 1863); cierra el siglo XIX con El papel periódico ilustrado, que bajo la dirección de Alberto Urdaneta (1845 - 1887), además, se constituyó en una
pieza clave en los procesos de autonomización del campo del arte. En el siglo XX, la conjunción de los artistas e intelectuales de todos los órdenes alrededor del estudio,
reflexión y representación de los objetos naturales y culturales asociados a estos tres ejes conceptuales, además de producir un número bastísimo de obras ligadas al paisaje,
la pintura histórica y neocostumbrista, ha abierto, en las décadas más recientes, un espacio muy significativo para la articulación de nuevas y tal vez más agudas y críticas
visiones sobre las relaciones del sujeto, la sociedad y la naturaleza, en el marco de una crisis generalizada del desarticulado proyecto de nación que las élites políticas han
intentado imponer en las últimas tres décadas.
Así, las obras que hacen parte de esta muestra, tanto en su propuesta material como en su especificidad poética, no dejan de estructurar su sentido sobre la ironía. Cada una de
ellas, desde las artificiosas e inquietantes plantas y los invisibles virus de Gabriel Antolinez, pasando por las torpes espadas combatientes de Adriana Salazar, los perversos
injertos de Eduard Moreno, la monumental “pintura” de Ana María Villate, las inocentes plantas medicinales de Álvaro Herrera, las burlonas vitrinas museográficas de Gustavo
Sanabria, la sonora aguatera de Alejandro Arango y Liliana Sánchez, las ínfimas casitas de Enrique Osorio, las engañosas fotografías de Diva Velásquez y las impertinentes
pinturas “murales” de Camilo Ordóñez, señala una paradoja, una contradicción, una verdad a medias, una mentira inocente, un fetiche histórico, un discurso abiertamente
ideológico