
Revisando el libro de visitas de la Casa Museo Quinta de Bolívar, se puede identificar un hecho muy curioso, en medio de
todos los objetos de la colección del museo que pertenecieron al Libertador, hay uno que se reclama por encima de los
demás. Curiosamente este objeto no se encuentra ahí y de allí la necesidad de contar una reseña sobre él. La espada de
Bolívar se ha convertido en una de las antigüedades más famosa del país en los últimos 25 años y sin embargo nadie
menor de 25 años la ha visto. Así, una simple pieza de museo se volvió fundamental en la cultura colombiana, gracias a
que logró construir toda una leyenda a su alrededor, y de esta forma volverse por fin un elemento de unión en una nación
que tanto necesita de este tipo de cosas.

DE DAMOCLES Y OTROS ACEROS PENDIENTES
Apuntamientos para una historia de la espada de Bolívar en la colección de la Casa Museo Quinta de Bolívar
Por Cristina Lleras, Daniel Castro y Manuel Francisco Carreño
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INTRODUCCIÓN
La espada, tal como la define el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, tiene su origen etimológico en el latin
spatha, y éste a su vez proviene del griego s p a o h . En su primera acepción se describe como un arma blanca, larga,
recta, aguda y cortante, con guarnición y empuñadura. El origen latino del término y la misma definición nos remiten
automáticamente a la historia de Damocles, nacido en el año 370 a.C.(?), y quien pasa a la historia como cortesano de
Dionisio el Viejo, quien fue tirano de la corte de Siracusa en Sicilia. De acuerdo con la leyenda, contada por los escritores
romanos Horacio y Cicerón, en una ocasión Damocles comentó a su soberano sobre la grandeza y felicidad de sus
vasallos, incluido el mismo. Prontamente, y luego de ese comentario, Dionisio invitó a su cortesano a un gran banquete,
en el cual Damocles disfrutó de múltiples atenciones, hasta que se percató que sobre su cabeza pendía una afilada
espada, suspendida sólo de una delgada crin de caballo. Con este gesto, Dionisio le hizo entender a Damocles, como aún
en los momentos más afortunados, otros elementos contrarios y menos afortunados pueden hacerse presentes en la vida
de los hombres. Así como la linterna de Diógenes busca a los hombres rectos, el acero suspendido sobre la cabeza de
Damocles señala a su vez la fragilidad, el riesgo y la incertidumbre que son elementos igualmente constitutivos del devenir
humano.
Este intento de realizar una crónica de una de las piezas más importantes de la historia de Colombia, está igualmente
marcada por el sino de Damocles.
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Empuñadura a manera de antecedentes
Por Cristina Lleras Figueroa.
Breve historia de la espada [1]
Las armas más antiguas fueron hechas de piedra, madera o hueso. El desarrollo de las técnicas para trabajar el metal en
Mesopotamia data aproximadamente del año 3500 a.C. y dio lugar a la fabricación de armas blancas, y fue el origen de la
espada. Los avances en aleaciones como la producción del bronce y luego el hierro, permitieron la creación de espadas
de hoja larga y los avances en el diseño que llevaron a la incorporación de empuñadura y guarnición. A medida que se
perfeccionaba su manufactura ésta se consideró como una expresión artística y aparecieron decoraciones más
elaboradas. Los siglos XIII y XIV fueron los más importantes en la evolución del oficio de la fabricación de espadas; las
cubiertas de las empuñaduras y pomos se grabaron con finos diseños y allí se incrustaron piedras preciosas. En los
siglos XV y XVI se extendió su uso en los cuerpos de infantería europea, al mismo tiempo que se originó la espada de
caballería de hoja larga y apareció el sable que sobrevivió hasta la Primera Guerra Mundial. Los requisitos y métodos de
la guerra moderna han hecho de la espada un arma obsoleta, reservada como complemento de los uniformes de gala de
militares y diplomáticos, coleccionistas y museos.
La espada como símbolo de grandeza
La espada es un arma personal, efectiva en el combate de una persona contra otra. Como tal era asociada con
distinciones individuales. Las espadas de líderes políticos y jefes militares, nobles y guerreros, con frecuencia eran
ornamentadas y las empuñaduras elegantemente decoradas. El atractivo de las espadas en la actualidad es que permiten
a su propietario entrar en contacto con la historia. Hoy en día se venden en la Red copias de espadas históricas con la
promesa de que la adquisición integrará a su dueño a la historia que hizo de aquéllas símbolos de grandeza.
Sin embargo, no todas estaban diseñadas para ser usadas en combate. Muchas de ellas se consideraron obras de arte
que incorporaron en su realización a varios artesanos como el joyero y el grabador: llamativas por su diseño y su
manufactura. La espada de contacto fue hecha exclusivamente para ceremonias oficiales. “Un portador de armas
transportaría una espada desenvainada, con la punta hacia arriba, como testimonio del poder y prestigio del gobernante
detrás del cual caminaba”. Aún se utiliza en ciertos países y para ceremonias de gran solemnidad. La espada de
coronación simbolizaba la autoridad del monarca. La más famosa de éstas es la que llevaba Carlomagno cuando fue
coronado emperador del Sacro Imperio Romano en el año 800. Las espadas papales se utilizaron por los pontífices como
símbolo de respeto y admiración para honrar a los líderes militares considerados como “defensores de la fe”. Las
espadas de obsequio eran otorgadas a los súbditos de un reino que se hubieran ganado el reconocimiento por su
destreza militar o servicio político. La espada también ha sido utilizada como objeto para exigir respeto. Para combatir los
prejuicios contra la mujer gobernante, la reina Isabel I de Inglaterra, se presentaba ante el Parlamento llevando armadura
y la espada de Estado.

Vida propia
La espada se diferencia de otras armas porque ella puede tener una vida aparte de la de su dueño. En la zona conocida
actualmente como Indonesia se presentó una considerable actividad militar y se desarrollaron múltiples armas punzantes.
En el siglo XIV apareció el Cris, una daga de la cual la tradición afirmaba que podía llegar a tener alma propia.
En la mitología y la literatura hay muchos casos de espadas con poderes supernaturales. Pertenecían a héroes y
caballeros para quienes la espada y caballo eran sus posesiones más preciadas, y era costumbre darles un nombre.
Entre las más famosas están Tizona, la espada del Cid y Excalibur, la espada del rey Arturo, quizás la más célebre de
todas.
La leyenda del Rey Arturo de Inglaterra apareció por primera vez en el siglo V o VI. Arturo le trajo paz a su país, pues
expulsó, a los sajones, entre otros invasores; estableció un reino de justicia, ley y moral. Arturo era hijo del Rey, pero fue
criado como un hombre común y corriente hasta que superó la prueba, casi por casualidad, establecida para
elegir al sucesor del trono: Arturo sacó una espada que estaba aprisionada en una piedra o un yunque. Para ayudarlo en
la tarea de unir a Inglaterra, recibió una gran espada, Excalibur, ofrecida por una mano que misteriosamente salió de un
lago. Para vencer a sus enemigos, Arturo realizó una serie de conquistas, invasiones y guerras. Después, Inglaterra gozó
de un período de prosperidad. Una serie de hechos trágicos lo llevaron a morir, no sin antes ordenar que Excalibur fuera
lanzada al lago. Algunas versiones de la leyenda prometen que Arturo volverá a Inglaterra cuando el país necesite
subyugar a sus enemigos y darle de nuevo seguridad.
Simón Bolívar
El rey Arturo es un personaje que no por ser completamente ficticio deja de ser histórico. Sus características de líder
revelan el deseo de un pueblo por crear, así fuese en el imaginario, un gobernante que reuniera las calidades para dar a
su pueblo paz y justicia. El paralelo con el Libertador Simón Bolívar es sorprendente. Dejando de lado las varias opiniones
que se tienen sobre Bolívar, no se puede ignorar el hecho de que este personaje histórico, en una evolución contraria a
la del rey Arturo, adquirió dimensiones de leyenda. En su persona se pusieron las esperanzas de prosperidad de varias
naciones latinoamericanas, y hoy en día todavía se utiliza su nombre para invocar una imagen de un reino de justicia, ley
y moral.
Bolívar también deseó conformar una gran nación, no a partir de la expulsión de invasores sino por medio de la unión de
varios pueblos. La preocupación política de Bolívar, presente desde los inicios de su actividad libertadora, se hizo
evidente al final de la Campaña del Sur y en la creación de los cinco países bolivarianos y la redacción de la controvertida
Constitución Boliviana. Sin embargo, al comienzo de la Campaña había expresado la inquietud de cómo sería la transición
entre la guerra y la paz:
“¿Cómo, después de haber roto todas las trabas de nuestra antigua opresión, podemos hacer la obra maravillosa de
evitar que los restos de nuestros duros hierros no se cambien en armas liberticidas?” [2]
La imagen de Bolívar como Libertador está atada a la del arma con la cual normalmente se le representa. La espada
adquiere vida propia como símbolo de la victoria. El fin de la guerra se presenta cuando se entregan las armas. Los
“duros hierros” no son más que las espadas que se utilizaron en las guerras de Independencia. Pero ¿cómo deshacerse
de ellas? Rendir la espada es una forma de derrota y su destrucción, una degradación. Pero entregarla en un gesto de
afecto es un trofeo y un honor para quien la recibe, y un gesto de paz para quien la regala.
El Libertador tuvo muchas espadas y acostumbraba regalarlas a sus amigos y colaboradores más cercanos. También
recibió numerosas armas blancas como homenaje a sus dotes de estadista y militar. Por ejemplo, la dirigencia peruana,
en 1825, le entregó una espada que hoy en día se conserva en el Banco Central de Venezuela; el Mariscal Sucre
le obsequió una daga florentina, que se conserva en las colecciones de la Quinta de Bolívar, diferente de la otra ya casi
mítica espada que robara el grupo subversivo M-19 en 1974.
La espada de doble filo
El general Páez, Jefe Superior de Venezuela, y militar esencial en la Campaña Libertadora, expresó en una carta a
Bolívar, de finales de 1825, su frustración frente a la situación de inestabilidad y de violencia que se vivía en su país,
agravada por la tensión entre militares y civiles. Además, sus palabras escondían el descontento general con la modesta
participación de Venezuela en el gobierno de lo que se ha llamado la “Gran Colombia”. Con o sin justificación, los
venezolanos creían que los novogranadinos absorbían todos los beneficios de la integración [3]. Dice Páez: “Nuestro
ejército se acabará pronto si no se atajan las justas causas de su descontento, y estoy bien seguro, que, en un caso de
guerra, los señores letrados y mercaderes apelarán como siempre a la fuga, o se compondrán con el enemigo, y los
pobres militares irán a recibir nuevos balazos para volver a proporcionar empleos y fortuna a los que actualmente los
están vejando”[4]. Ante su convicción de que la fuerza no debía prevalecer sobre el derecho, Bolívar no atendió las
recomendaciones de su subalterno.
Las palabras de Páez no parecen extrañas si se recuerda que al año siguiente se le acusó de dar las órdenes para que el
ejército realizara un reclutamiento forzoso por las calles de Caracas. El Congreso lo llamó para presentarse en Santafé y
ser llevado a juicio. Orden a la cual Páez respondió con su rebelión. Ante la situación, Bolívar regresó del Perú y viajó a
Venezuela donde restableció el orden, le concedió el perdón a Páez y a los demás rebeldes.
Bolívar y Páez se encontraron en el camino a Valencia y entraron a Caracas en enero de 1827. Este encuentro, idea del
Libertador, fue marcado por el regalo a Páez de una espada como símbolo de amistad y para limar las asperezas que su
comportamiento había ocasionado. Tomás Cipriano de Mosquera escribiría más tarde: “... con cuánta felonía se había
conducido Páez al proponer oculta y siniestramente la separación de Venezuela, aparentando deferencias por el
Libertador, que jamás tuvo, y contradiciendo con hechos sus discursos y protestas a favor de Bolívar cuando éste lo salvó
en 1826 y honró, entre otras cosas, con la dádiva de una espada de la que Páez hizo mención con las siguientes notables
palabras: ¡La espada redentora de los humanos! Ella en mis manos no será jamás sino la espada de Bolívar: su voluntad
la dirigirá, mi brazo la llevará. Antes pereceré cien veces, y mi sangre será perdida, que esta espada salga de mi mano, ni
atente jamás a derramar la sangre que hasta ahora ha libertado. Conciudadanos: la espada de Bolívar está en mis
manos; por vosotros y por él iré con ella a la eternidad”[5]. Poco tiempo después, Páez lideraría la separación de
Venezuela de Colombia y, por ende, la disolución de la Gran Colombia.
Espadas históricas
En la edición especial del Papel Periódico Ilustrado que realizó Alberto Urdaneta con motivo del centenario del nacimiento
de Simón Bolívar, el 24 de julio de 1883, se describen dos espadas que le pertenecieron al Libertador.
La primera, una espada de campaña, que regaló a Rafael Arboleda en 1822 acompañada de la siguiente carta:
“Japio, 29 de Diciembre de 1829.
Estimado amigo y señor: Usted ha deseado tener un documento por el que conste que la espada que usé en la campaña
del Sur de Colombia en el año de 1822, es la misma que tuve el gusto de presentar a usted como un gaje de mi
estimación y verdadera amistad, en Guayaquil, cuando entré en aquella ciudad en el mes de agosto de 1822. Y deseando
yo también dejar a usted un nuevo testimonio de toda la consideración y respeto, espero recibirá usted esta expresión
con el afecto que le profesa su atento servidor y amigo, Bolívar”.
Rafael Arboleda (don José Rafael Arboleda y Arroyo) había nacido en Popayán el 19 de noviembre de 1795. A pesar de
provenir de una provincia reconocida por su afecto al rey español, fue partidario de la causa republicana, la cual sirvió
con cuantiosos donativos en dinero. Triunfante Bolívar, de quien fue amigo muy cercano, éste lo designó secretario de la
legación en las repúblicas del Pacífico a cargo de Joaquín Mosquera y a su regreso fue senador por el Cauca al
Congreso de 1827, donde se distinguió por su oratoria. Fue padre del general Julio Arboleda. Falleció en 1831[6].
La segunda, un sable de caballería, la regaló al general Rafael Urdaneta quien a su vez se la regaló a su primo Francisco
Urdaneta[7]. El sable ha tenido una vida interesante ya que perteneció al hermano de Alberto Urdaneta, Carlos María,
antes de pasar de nuevo a Venezuela. Un retrato del general Francisco Urdaneta, fechado en 1822, que se conserva en
el Museo Nacional de Colombia indica que la espada descrita en el Papel Periódico ya estaba en su poder para ese
entonces, lo cual no concuerda del todo con la información que se tiene sobre la fecha del regalo.
El general Rafael Urdaneta [8] es un personaje complejo y controvertido como lo fue el general Páez. Nació en Maracaibo
en 1788, pero viajó a Santa Fe de Bogotá en 1804, llamado por su tío Martín de Urdaneta y Troconis. El 20 de Julio de
1810 se incorporó al movimiento revolucionario y apoyó, en la primera guerra civil, al bando federalista. En 1813 es uno
de los oficiales enviados por el gobierno de la Unión a servir bajo las órdenes de Simón Bolívar y realiza con éste la
Campaña Admirable. Pasa a órdenes de José AntonioPáez en 1816, pero regresa donde Bolívar en 1817. Participó en la
Campaña del Centro y en varias acciones en Venezuela. De regreso en la Nueva Granada, en 1819, Bolívar lo nombra
Comandante de la Guardia de Honor a raíz de la muerte de José Antonio Anzoátegui. Esta cercanía al Libertador se
manifestó en acciones de Bolívar quien “preocupado por la suerte del general Urdaneta, le ofrece en dos ocasiones la
mitad de su fortuna...” [9] Por su parte, Urdaneta le escribe a Bolívar en 1813: “General, si con dos hombres basta para
emancipar la patria, pronto estoy a acompañar a Ud.” [10]
Urdaneta es recordado en Colombia por su usurpación de la presidencia con el título de “encargado provisionalmente del
poder ejecutivo”, el 5 de septiembre de 1830, dictadura que duró poco tiempo. Pero la amistad que tuvo con Bolívar duró
hasta la muerte del Libertador e inclusive, en 1842, participó de un modo destacado en las ceremonias del traslado de los
restos del Libertador a Venezuela en su condición de Presidente de la Sociedad Bolivariana de ese país.
NOTAS
[1] La información sobre la historia de la espada proviene de dos fuentes:
"Sword", Microsoft® Encarta® Encyclopedia 2000. © 1993-1999 Microsoft Corporation. All rights reserved.
Gerald Weland. Espadas, dagas y sables. Londres, Quintet Publishing Limited, 1998.
[2] Simón Bolívar, En el Congreso de Angostura, 15 de febrero de 1819. En Así pensaba Bolívar. Octavio Arizmendi y
Carlos Gómez Botero. Bogotá, Planeta Colombiana Editorial, 2000, pág.125.
[3] David Bushnell. The making of modern Colombia. California, The University of California, 1993, pág. 61.
[4] Agusto Mijares. El Libertador. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, 1987, pág. 498.
[5] Memoria sobre la vida del general Simón Bolívar. Bogotá, Imprenta Nacional, 1954, pág, 652.
El primer retrato de Páez que se registra en un estudio sobre su iconografía fue realizado en 1828 por sir Robert Ker
Porter, cónsul del Reino Unido en Caracas. Acuarela sobre cartulina de la cual existe una réplica. Alfredo Boulton dice:
“…esta imagen tiene el mérito de presentarnos a un Páez juvenil, llevando acaso, la espada que en 1827 le obsequió el
Libertador”. En: 20 retratos del general José Antonio Páez. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, 1973,
pág. 21.
[6] Grupo de investigaciones genealógicas José María Restrepo Sáenz. Genealogías de Santa Fé de Bogotá. Bogotá,
Editorial Presencia, 1991, pág. 107.
[7] Según el libro Biografía del general Rafael Urdaneta de Carlos Arbeláez Urdaneta (Maracaibo, Ejecutivo del Estado de
Zulia, 1945), “El general Rafael Urdaneta profesó siempre grande afecto a su primo el general Francisco de Urdaneta
Rivadavia y lo demostró así obsequiándole la espada que a él le había regalado el Libertador y que usó aquel en las
campañas de la Independencia. A la muerte del general Francisco de Urdaneta Rivadavia pasó a manos de su hija
Adelaida, la cual contrajo matrimonio con su pariente don José María de Urdaneta, quien la obsequió a su hijo el General
Carlos Urdaneta quien se la dio en 1888 al general Eleazar Urdaneta, hijo del general Rafael Urdaneta pues lo juzgó con
mayores títulos que él para poseer tan interesante recuerdo de su padre. Tal espada con vaina de cuero y guarniciones
de cobre fue fabricada en París por MARTÍN, Fabt d’Armes Blanches en el No. 50 de la Rue Baubourg. Tal espada la
regaló el Libertador al general Rafael Urdaneta a su regreso de la campaña del Perú y a su turno le había sido
obsequiada al Libertador por el Admirante Brion poco antes de la batalla de Carabobo. En dicha campaña la usó el
Libertador y luego la llevó a la campaña del Perú. Los hijos del nombrado general Eleazar Urdaneta, conservan en su
poder esta preciada reliquia”.
[8]Los datos biográficos de Rafael Urdaneta provienen del Diccionario de historia de Venezuela. Fundación Polar,
Caracas, Editorial Ex Libris, 1988.
[9] Agusto Mijares. El Libertador. Caracas, Ediciones de la Presidencia de la República, 1987, pág. 20.
[10] Ibid. pág. 243.
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