Durante el siglo XVI, Américo Vespucio escribió sus crónicas sobre el nuevo continente. Estas fueron publicadas en 1505
y despertaron gran interés entre los europeos. En ellas contaba los pormenores de la vida en el nuevo mundo y al
respecto de los pobladores de estas tierras escribía:
Todos de uno y otro sexo van desnudos, no se cubren ninguna parte del cuerpo y así como han salido del vientre de la
madre así hasta la muerte van (...) Tienen cabellos abundantes y negros, son ágiles en el andar y en los juegos, de
franca y hermosa cara que ellos mismos destruyen pues se perforan las narices, los labios y las orejas (...) Sus armas son
el arco y la flecha.
Estos relatos crean un imaginario del Continente, lo que va a traducirse en las representaciones que de éste se
comienzan a realizar. Dicha representación se normatiza en la Iconología de Cesare Ripa publicada en 1593, donde
América se describe como una mujer desnuda de color oscuro, mezclada de amarillo que lleva un velo jaspeado de
diversos colores que le cae por los hombros cruzándole todo el cuerpo y cubre su desnudez, en la cabeza y el cuerpo
lleva un tocado de plumas de diferentes colores. En su mano izquierda un arco con una flecha y terciado a su espalda un
carcaj, bajo sus pies un cráneo humano atravesado por una flecha, aparece acompañada por un enorme lagarto o
caimán. Esta descripción llega a la Nueva Granada por medio de grabados y estampas y es muy similar a la de esta obra.
Es importante mencionar que apenas un mes después del triunfo de Boyacá, el 9 de septiembre de 1819, se decreta que
la representación de la Libertad o de la patria liberada sea una adaptación de la mencionada alegoría del Continente
añadiéndole algunos elementos como el gorro frigio, elemento que simbolizaba la libertad y los colores de la bandera
de la naciente república en las plumas que la atavían, lo cual es evidente en esta imagen y se reitera por la inscripción
que presenta en la parte superior que reza: La India de la Libertad año de 1819.