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VECINOS Y VASALLOS. Sala de Próceres
DAYRTMAN FAJARDO VÀSQUEZ.
El propósito de esta sala es mostrar como la independencia se construyó de manera gradual en un contexto que social y políticamente aun se encontraba muy vinculado con la metrópoli española.
Esto se puede afirmar a partir de la exposición iconográfica, que destaca la importancia que para el proceso emancipador tuvieron actores sociales vinculados de manera material y simbólica a las instituciones españolas. La pertenencia política de los líderes criollos de la independencia inicialmente no excluía el vínculo existente con la “madre patria”, antes bien se recalcaba la presencia de un idioma, una religión y unos rasgos culturales comunes en ambas orillas del Atlántico, elementos que eran esgrimidos como fundamento de la identidad que unía los diversos fragmentos de la monarquía española.
Además es preciso reconocer que para los criollos, españoles nacidos en América, era de gran importancia poseer vínculos con las instituciones españolas, ya que esta pertenecía afianzaba su prestigio social y elevaba su rango al equipararlos de manera simbólica con los peninsulares. Es así como encontramos que muchos de los líderes del movimiento independentista poseían títulos de nobleza, cargos burocráticos (diezmeros, alcaldes, procuradores, estanqueros, prelados, oficiales militares, corregidores), mayorazgos, y ante todo, el prestigio simbólico de la limpieza de sangre, que acreditaba su igualdad con los peninsulares. Un caso específico es el de Jorge Tadeo Lozano, en Santafé quien era heredero de las principales familias de la ciudad, poseía los mejores mayorazgos, ostentaba el título de marqués de San Jorge y pertenecía a los principales periódicos; además, fue uno de los principales líderes del proceso de independencia.
Del lado militar estaba su primo, Antonio Ricaurte, dueño de ricas haciendas en la zona de Villa de Leiva, junto con Antonio Baraya, quien con anterioridad había pertenecido a los cuadros de oficiales del ejército español. Ser militar daba prestigio social, constituían una señal de rango elevado; además, se poseían símbolos de status como condecoraciones, y de pertenencia a un país en particular. El hecho de que la mayoría de uniformes militares de los próceres tuvieran los colores azul y rojo se debía a que eran los colores que identificaban al ejército español. Otros uniformes eran importados de Inglaterra, gracias a los cuerpos de la Legión Británica.
El grupo de notables criollos, vinculados por sangre con los conquistadores y primeros ocupantes de estas tierras, de linaje noble, poseían un dominio casi total de los cabildos, de la política local. Conocidos en la época con el nombre de vecinos, los criollos pedían una mayor autonomía en el manejo de sus asuntos con respecto de la capital, una menor intromisión de burócratas españoles ajenos a los linajes locales, el control de instituciones de mayor relevancia como la Real Audiencia, y, por encima de todo, la igualdad entre españoles americanos y españoles peninsulares a nivel burocrático y político.
Desde las provincias (Tunja, Popayán, Cartagena, Pamplona ), aspiraban al control político del virreinato y su aceptación en los círculos más altos de la elite peninsular, su inclusión en la corte madrileña. Estas aspiraciones de autonomía de las provincias e igualdad sociopolítica de todos los españoles, sin embargo, estaban en contravía de lo que se pensaba en la metrópoli; allí, las posesiones americanas de la monarquía constituían apenas entidades subordinadas al poder centralizado del monarca, colonias productoras de utilidades en clara posición de periferia, cuyas elites poseían escasos vínculos materiales con los linajes nobles y con la burocracia imperial. Así, para los peninsulares, los criollos no eran vecinos, sino vasallos.
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