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REVOLUCION CIUDADANA. (Sala de la Junta Suprema)
PAOLA RUIZ
Tradicionalmente se ha concebido el 20 de julio como un acontecimiento derivado de la acción de algunos hombres excepcionales, los “padres de la patria”, quienes protagonizaron los hechos que dieron como resultado la independencia de la Nueva Granada. Esta interpretación ha dejado por fuera a uno de los actores principales del 20 de julio y los días subsiguientes: el pueblo llano. De lo que se trataría más bien, antes que de una conspiración victoriosa de las élites criollas, es de una “revolución” ciudadana, de la puesta en escena de la acción del pueblo soberano.
La Junta Suprema surge como necesidad de crear un cuerpo que reasuma a nombre del pueblo de la Nueva Granada, la soberanía, como consecuencia de la cesión no consentida de ésta por parte de la familia real española a José Bonaparte. Poco a poco y a medida que transcurre el 20 de julio, la ciudad se va congregando en la plaza central a la espera de un desenlace: “Olas de pueblo armado refluían de todas partes a la plaza principal […] A cada mensaje y a cada negativa tomaba más vigor ese pueblo activo y generoso” No solo durante este día, sino también durante los subsecuentes, el pueblo se convierte en el fiscalizador de las acciones políticas emprendidas: “El pueblo sostenía su puesto y su firmeza. A cada momento gustaba más de su libertad, conocía más y más sus derechos, su dignidad y su soberanía. Tomaba aquel tono imperioso, libre y de SEÑOR. Ya no era ese rebaño de ovejas, no ese montón de bestias de carga que solo existía para obedecer y para sufrir. Pedía o casi mandaba a la Suprema Junta la ejecución de muchos artículos”
Fue tal el carácter de la participación del pueblo en el sostenimiento de la Junta de Gobierno, que un observador comenta cómo se sentía éste un día después: “Hoy ha arrojado [el sol] sus rayos sobre un pueblo libre, victorioso y que descansa sobre sus laureles. Orgulloso con su libertad paseaba lleno de contento por plazas y por calles” Esta afirmación es un reconocimiento al papel desarrollado por los sectores populares, los cuales actuaron no de manera subordinada a los deseos de los grupos dominantes, sino en algunos casos, al margen de éstos y siguiendo sus propias expectativas. Éstas tenían como objeto no el establecimiento de una nación colombiana, sino la defensa del Rey y la religión.
El protagonismo de los sectores populares no fue, sin embargo, valorado del todo de manera positiva. Por un lado los sectores dominantes de la capital empezaron a temer un desenlace nefasto de sus acciones, o lo que es lo mismo, el desborde hacia hechos violentos, lo cual nunca sucedió. Por otro lado, desde otras provincias de la Nueva Granada se condenaba la acción de este pueblo y la posibilidad ejecutoria de sus acciones: “El populacho de la antigua capital dictó leyes, y sin consejo ni discernimiento nombró los vocales de la Junta: este en medio del calor y exaltación de aquel dia memorable sin explorar tampoco la voluntad de las demás provincias, decidió de su destino, declarándolas independientes del Consejo de Regencia”
De esta manera los hechos del 20 de julio deberán verse en una doble vía. Por un lado la conformación de la Junta Suprema y la actuación de los sectores dominantes, y por el otro, la participación autónoma de los sectores populares, así como los deseos y expectativas que los guiaron. Hechos que difícilmente son captados en toda su amplitud y riqueza.
Diario Político de Santa Fe de Bogotá, n. 2, 29 de agosto de 1810, p, 42, En Luis Martínez Delgado y Sergio Elías Ortiz. El periodismo en la Nueva Granada: 1810-1811. Bogotá, Editorial Kelly, 1960
Diario político …., N. 5, 7 de septiembre de 1810, p. 59
Diario Político…., N. 2, 29 de agosto de 1810, p. 48
Argos Americano, Papel político, económico y literario de Indias. Tomo 1, N. 8, 5 de noviembre 1810, p. 33
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