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LA REPÚBLICA LETRADA. (Sala de Bolívar y Santander)
DAYRTMAN FAJARDO VÀSQUEZ.

Presentar la etapa histórica posterior a la independencia política de nuestro país es el objetivo de esta sala. De acuerdo a esto, aquí  se evalúan los alcances y los límites de las guerras de independencia.

La independencia política conseguida coincide así con el inicio de una concepción de sociedad fuertemente influida por las ideas en boga entre los intelectuales ilustrados de Europa, a partir de las cuales surge un proyecto  de nación. En este contexto, la legitimidad política de la clase gobernante se construía a partir de la posesión de títulos universitarios, la afinidad con las costumbres refinadas de la aristocracia europea, la posesión de un saber científico ilustrado y la defensa de un proyecto político moderno basado en los ideales de libertad, igualdad y fraternidad; de tal manera, la cultura ilustrada se convertía en sustento para el prestigio social de los letrados en una fuente de fama y reconocimiento.

Esta búsqueda de reconocimiento a través  del saber  ilustrado provenía de fines del periodo colonial, cuando la elite criolla buscaba referentes simbólicos que los aproximaron a los peninsulares y los diferenciaron del vulgo, afianzando así sus pretensiones de status y poder. En este aspecto, cabe destacar la formación educativa ilustrada de Bolívar, que seguía las ideas de Rousseau. Para Santander, se trató de la posterior implantación del estudio en ciencias naturales en los colegios santafereños.
En un plano más concreto, cabe destacar que la cultura material hace ver la “no independencia” del país con respecto a los paradigmas europeos. Para fundamentar la jerarquía social, las clases adineradas importaban de Europa objetos de lujo como vestimentas finas, vinos, y mobiliario; este comercio importador era dominado por agentes de casas comerciales asentadas en Europa, las cuales eran base para el tráfico marítimo de la época. Así la dependencia el comercio exterior hacía posible que la elite letrada viviera a la usanza de París o Londres. Objetos como el reloj de pie que se exhibe en la sala son muestra de dicho espíritu refinado y europeizante.
También hubo un furor legalista, que se orientaba de acuerdo las ideas  políticas de la ilustración francesa. Este punto era de especial importancia por cuanto se instituía una normatividad que proporcionaba a los letrados un instrumento para ejercer el poder político sobre el conjunto de la sociedad y reafirmaba su superioridad. “El imperio de la ley” instituía una democracia de carácter desigual, puesto que la representatividad del pueblo, el acceso a los cargos públicos, y por lo tanto, el manejo de la ley, estaba en manos de la elite. Santander, fue conocido como “hombre de las leyes”, y para Bolívar, fue destacado el apoyo de los intelectuales neogranadinos quienes plasmaron su proyecto político mediante la redacción de varias constituciones (1818, 1821).

Finalmente, acontecimientos de diversa índole reflejaron la instalación de un proyecto social y político dominado por los letrados criollos. A nivel educativo, el escolasticismo católico de los colegios de San Bartolomé y Rosario fue sustituido por una universidad central regida por parámetros educativos ingleses; a su vez, en aras de extender la cultura de elite a toda la sociedad, se fundaron colegios en diversas partes del país. Hay que anotar que el establecimiento de estos centros educativos no obedeció a las jerarquías simbólicas o a la preeminencia de ciertas ciudades; más bien, se fundaron en núcleos de gran relevancia económica y poblacional, pero alejados del status colonial (San Gil, Mompox, Socorro, Santa Marta, Cartago).Este proceso de extensión de los símbolos letrados hacia toda la sociedad desembocará a mediados del siglo XIX en la conformación de las Sociedades Democráticas, cuyo propósito era politizar, alfabetizar y dar clases a los sectores populares.