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INDEPENDENCIA EN EL ACTO.  Sala del Acta
DAYRTMAN FAJARDO VÁSQUEZ.

Esta sala tiene como objeto hacer un balance de la importancia que tuvo la cultura escrita durante el proceso de independencia, su papel durante el mismo y su uso  por parte de los diferentes actores sociales que la protagonizaron.

En la Nueva Granada colonial, fue escasa la difusión de textos escritos debido a la censura de la Inquisición y a la falta de imprentas lo que conllevó a que la cultura literaria fuese limitada y escasa, además de encontrarse casi exclusivamente en manos de la iglesia católica. La primera imprenta llega solo hasta 1740, traída por los jesuìtas.

El panorama de los textos escritos continuaba siendo poco halagador en los albores de la independencia, y el uso laico de la imprenta, aunque había crecido considerablemente, continuaba muy limitado. Las publicaciones impresas en su mayor parte contribuían a la divulgación de los conocimientos de  Europa, contribuyendo a la cultura ilustrada de la elite y a la sociabilidad de la misma, debido a la comunidad de ideas y saberes que los medios escritos creaban.

Por otra parte, las publicaciones periódicas reunían a grupos de criollos en torno de un ideal patriótico orientado  hacia la consecución del progreso material en el país, y contribuían a afianzar los vínculos entre estos criollos ilustrados, a fomentar la socialización de ideas políticas y ante todo, mantener la identidad propia como elite ilustrada.

De tal modo, a diferencia de Europa, donde había una gran difusión de los textos escritos, y estos contribuían a crear una condición de igualdad en torno a la posesión de saberes (tal era el propósito de los enciclopedistas franceses), en las colonias la cultura escrita tenía una difusión limitada y contribuía a recalcar la condición de elite de sus poseedores. Así, los textos escritos producidos durante el periodo de la independencia, más que todo, actas y leyes, constituían la imposición de un vínculo impersonal y vertical “desde arriba” en el cual los escritos eran producidos por unos y aceptados sin discusión por otros. En otras palabras, la palabra escrita expresaba la imposición arbitraria de un conjunto de medidas cuya adopción no se basaba en la discusión ni el consenso.

Mientras que la escritura imponía un lazo rígido e impersonal entre las personas, la oralidad propia de los sectores populares, y también empleada por los criollos en sus tertulias, permitía la discusión, la expresión de las ideas, de los consensos y los acuerdos. Por ello, la divulgación de los textos escritos hacia la mayoría iletrada se daba a través de la lectura en voz alta de los mismos,  creando un lazo más personal que el permitido por la imposición que representaba la aceptación de un documento escrito, de carácter indiscutible e inalterable.

Todo aquello se reflejaba en situaciones como la representada en la imagen que recrea la redacción del acta de independencia como una reunión privada, protagonizada por individuos de la elite, en lugar de un cabildo abierto con la participación de la ciudadanía.

De otro lado, la mayor parte de las medidas administrativas eran órdenes impartidas por escrito, redactadas y firmadas por el exclusivo grupo de los que sabían leer y escribir; así, ellos decidían o proponían incluso las disposiciones referentes a la salud pública sin necesidad de recurrir al consenso.