UN ALTO NÚMERO DE ESPECIES NATIVAS MANTIENEN SUS ciclos de vida al abrigo de los muros de la Quinta. Caprichosa y tercamente continúan recreando el heterogéneo y rico ambiente del bosque andino, desaparecido hace varios siglos del entorno.

Los evangelizadores con el apoyo de la ley española talaron todos los nogales entre Bogotá y Tunja, pretendiendo erradicar la veneración que estos inspiraban a los muiscas.

Hoy gobiernan el panorama de la Quinta, junto con los cedros y sangregados que son abrazados por las bromelias o quiches, los manos de oso, trompetos con sus mochilas de frutos verdes, raques que en su florescencia llenan el empedrado de pétalos rosados, palmas bayonetas, arrayanes, cordoncillos, los arbolocos con su tallo hueco y su ruta hacia el cielo, chuzques, borracheros con sus flores acampanadas y de tres colores, los espinosos coronos y las cañabravas, así como múltiples helechos, ecordándonos el bosque original que resguarda además un casi invisible universo de insectos y pájaros.