LA HISTORIADORA DIANA URIBE DEFINE A LOS ÁRABES Y MUSULMANES como “poetas del agua” y “constructores de paisajes con ríos, cortinas y velos de agua”.

El río Vicachá, después bautizado río San Francisco, fue el límite original de Bogotá hacia el norte. La construcción de la Quinta Portocarrero en 1800, incluyó una derivación del río que cruzaba toda la propiedad y continuaba como acueducto para el sector de las Nieves.

Esta tradición mozárabe, asimilada y transmitida por los españoles, tiene su presencia en la Quinta desde la alberca de la esquina nor-oriental donde se descuelga el agua por diferentes ramales, chorros y pozuelos, llenando todo el espacio con la frescura y el rumor del agua corriente, que alimenta plantas, arbustos y especies centenarias.

También de oriente viene la tradición de los empedrados y las incrustaciones de hueso acertadamente utilizada en el camellón de entrada en épocas más recientes, que contrasta en su frialdad de losa con la frescura del agua y el verde circundante.

Richard Vaxell un oficial de la Legión Británica, menciona en su crónica de 1829 a la Quinta: “El jardín que la rodea contiene una profusión de flores de toda especie, pero particularmente rosas y los riegan fuentes cuyos caños llenan los manantiales de las montañas”.