________________________________________________________________________

HOJA DE ACERO A MANERA DE ACTA

Por Daniel Castro Benítez

En la ciudad de Bogotá, a las 5 p.m. del día 28 de noviembre de 1919, se reunieron en el despacho del Señor Ministro de Gobierno, los señores Luis Cuervo Márquez, Ministro de Gobierno; Eduardo Restrepo Sáenz, Gobernador de Cundinamarca, Santiago de Castro, Alcalde de la ciudad y Raimundo Rivas, Presidente de la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá, con el objeto de constituir la Junta de la Quinta y Museo de Bolívar, creada por la ley 53 de 1919.
Antes de haber salido de Bogotá, con la intención de llegar a Francia, el Libertador regala su Casa Quinta a José Ignacio París, uno de sus más fieles amigos. Este acto de generosidad evoca de la misma manera la forma como el gobierno de la naciente república de Colombia, le regala a Bolívar esta misma casa en 1820, y en la cual celebra los momentos de mayor gloria en su carrera militar, pero también se convierte en el refugio donde podía expresar sin recato su melancolía, debido a las decepciones personales y políticas de ese intenso momento histórico. Casi cien años después de haber sido habitada por el Libertador, y luego de una larga historia de usos diversos e inquilinos deseables e indeseables, la Quinta es rescatada de su muy segura destrucción en 1919 por la Sociedad de Embellecimiento de Bogotá, hoy Sociedad de Mejoras y Ornato, gracias a la compra que hace don Alfonso Robledo, presidente de dicha institución; suma de dinero que le es devuelta por la nación un año después, gracias a una suscripción nacional.

En sesión del 19 de mayo de 1920, la Junta de la Quinta y Museo de Bolívar se reúne en el despacho del señor ministro de Gobierno, con asistencia de todos sus miembros, a saber: doctor Luis Cuervo Márquez, ministro de Gobierno, doctor Eduardo Restrepo Sáenz, gobernador de Cundinamarca; señor Cenón Escobar Padilla, alcalde de la ciudad y el señor Eduardo Pedroza, presidente de la Sociedad de Embellecimiento, en la cual “se leyó un memorial del Señor Carlos Ospina O., por el cual ofrece en venta, para el Museo Boliviano una colección de documentos originales y objetos del Libertador; dicho memorial pasó a la sociedad de embellecimiento para que se sirvan dar su dictamen, conforme lo dispone la ley” [11].
En la revisión de los libros de actas de la Sociedad de Mejoras, parece no habérsele dado curso a dicho ofrecimiento, por los cual se desconoce el tipo de documentos y en especial de objetos que ofrecía el señor Ospina.

“Se dio enseguida lectura a un oficio del Ministerio de Gobierno, en el cual como contestación a otro de la Sociedad, dice el ministerio que se ha dado la orden para hacer custodiar la Quinta de Bolívar por medio de una escolta de policía. Con tal motivo el Señor Presidente informó verbalmente que el Señor Ministro de Instrucción Pública le había demostrado las mejores intenciones de hacer trasladar a la Quinta los objetos del Libertador que existen en el Museo Nacional; así como todos aquellos que la Sociedad juzgue conveniente hacer figurar en el Museo Boliviano. Se acordó después de esta explicación, transcribir al Ministro de Instrucción Pública la nota del Ministerio de Gobierno, con el fin de enterarlo de que ya los objetos que se trasladarán a aquel lugar histórico estarían suficientemente resguardados y vigilados” [12].

El señor presidente (Raimundo Rivas) informó verbalmente que debido al entusiasmo del señor ministro de Gobierno, “el próximo sábado comenzarían a trasladarse los objetos históricos pertenecientes al Libertador y que existen en el Museo Nacional, para formar el Museo Boliviano” [13].

En el inventario de 1922 que se encuentra en los archivos de la Quinta de Bolívar, en el cual se relacionan detalladamente los objetos y piezas históricas que provenían del Museo Nacional, no hay ninguna mención a la espada en estudio, por lo cual se descarta definitivamente la posibilidad de que esta pieza hubiera provenido de ese lugar.

El 15 de noviembre de 1922, se aprueba proposición del señor Pérez, con la cual “la Sociedad de Embellecimiento resuelve que el domingo 19 del presente tenga lugar la inauguración del Museo y Biblioteca de la Quinta de Bolívar y la adjudicación de las medallas de 1921 y 1922, a los Inspectores que a juicio de la Comisión se hayan hecho acreedores a ellas” [14].

De la manera planeada, se verifica una sesión extraordinaria en el salón principal de la Quinta de Bolívar el día domingo 19 de noviembre, la cual se inicia a las 4 y 10 minutos de la tarde, con la asistencia de miembros de la Sociedad de Embellecimiento, el alcalde de la ciudad, miembros de la Academia Nacional de Historia, y nueve inspectores municipales. El discurso estuvo a cargo del doctor Raimundo Rivas, y concluyó la sesión con la premiación a dos inspectores municipales por sus trabajos. La sesión se levantó a las 5 de la tarde [15] .

En la sesión de Junta de la Sociedad de Embellecimiento del 11 de junio de 1923, encareció el doctor Raimundo Rivas a los socios, “que se informaran sobre la existencia de objetos de la época boliviana, y que tuvieran relación con el Libertador, a fin de hacer las gestiones de adquisición, para la formación y enriquecimiento del Museo” [16] .

Esta solicitud tiene como único eco referido en los libros de actas el descubrimiento de un par de espejos iguales a los que el Libertador trajo del Perú después de su campaña triunfal, y los cuales se encontraban en una zapatería frente al atrio de la iglesia de San Francisco, por lo cual se comisiona a los doctores Rivas y Robledo para gestionar dicho asunto. Igualmente se desconoce si los objetos fueron comprados o no.

El 3 de octubre de 1923 se habría reunido en sesión plena el Comité de la Quinta y se habría elegido por unanimidad como secretario, al señor Jorge Saiz Montoya, y que el mencionado comité tenía el proyecto de formar un plan general de gastos, debidamente ordenados por capítulos, destinando las partidas suficientes para la conservación y administración material para el Museo y Biblioteca.

El inspector Restrepo Sáenz realiza un informe de su inspección a la Quinta de Bolívar en sesión del 13 de agosto de 1923, y nota con sorpresa que ciertos objetos se hallaban en desorden, lo mismo que junto a los que habían pertenecido al Libertador, había otros que no tenían razón de estar allí” [17].

Tres meses más tarde el Comité había resuelto “que los objetos históricos se compraran para el Museo por conducto de la Academia Nacional de Historia, por ser este el mejor medio” y el 3 de diciembre de 1924 el socio Restrepo Sáenz mencionó que “la Academia de Historia había designado a los Académicos Doctores José Manuel Marroquin; Eduardo Restrepo Sáenz y Gerardo Arrubla, miembros de la comisión encargada de juzgar los objetos que fueran a adquirirse para el Museo de la Quinta de Bolívar [18].

En el inventario manuscrito del año 1924, que reposa en la Quinta de Bolívar, ya se hace mención al objeto en estudio como “una espada con empuñadura dorada y vaina de cobre que se cree perteneció al Libertador. Adquisición de la Junta de la Quinta. Más adelante se mencionan un par de estribos de aro y un par de espolines plateados, que se cree pertenecieron al Libertador, registrados igualmente como adquisición de la Junta de la Quinta, pero aún no se ha constatado si estos objetos fueron avalados por la comisión de la Academia de Historia, y tampoco su procedencia exacta.

Esta es la única mención que se hace del ingreso de los objetos a la Colección de la Quinta de Bolívar, que ya en el inventario de 1932 y 1933, aparecen relacionados en un lugar exacto de exhibición, a saber, el salón del piano, dentro de una vitrina de nogal imitación estilo antiguo que contiene piezas de uniformes del Libertador, y entre ellos una espada de empuñadura dorada con su vaina de cobre.

Cabe anotar que los estribos y espolines tienen en el inventario de 1933 un valor de 60 pesos. Y la espada con su vaina de cobre junto a una escopeta de dos cañones ocho trabucos y una lanza sin asta un total de 341 pesos.

En el inventario mecanografiado del 8 de febrero de 1936 practicado con motivo de la entrega al administrador señor Luis Ángel Oñate se menciona la espada, los espolines y estribos, estos últimos como “un par de estribos de oro”, que se cree fueron del Libertador. Cuando se coteja esta versión con la manuscrita se descubre un error del transcriptor del documento, pues cambia la a por o, otorgándole de inmediato una nueva característica a los estribos, con la cual no cuentan, es decir que pasan a ser de ORO, cuando realmente eran de ARO.

En el denominado salón de las vitrinas, se encontraban en una vitrina grande, según consta en los inventarios de esos años, un par de estribos de aro y un par de espolines, lo cual indica que las piezas se exhibieron de manera separada, hasta el momento en que se decide integrarlos en un montaje que ya aparece registrado en el inventario del año 1945, firmado por los Inspectores de la Quinta de Bolívar Raimundo Rivas y Eduardo Restrepo Sáenz, y comprobado por los delegados de la Contraloría general de la República Señores A. Moreno Rocha y Ciro Vega Aguilera el día primero de junio del año en mención.

El número 80 de ese inventario corresponde entonces a una mesa vitrina roja y dorada donde se exhibe la espada, un par de estribos de aro y un par de espolines del Libertador la cual se encontraba ubicada en el denominado salón frontero del comedor, y que según el inventario manuscrito y mecanografiado se encuentra una inscripción a lápiz que dice
“pasó al salón principal”, y cuya procedencia fue por adquisición de la Junta de la Quinta.

En los archivos de la Quinta de Bolívar aparecen inventarios y material impreso fechados entre la segunda década del siglo XX en los siguientes años: 1959, 1962, 1965 y 1976 que describe los objetos que albergan la casa y su respectiva ubicación, la cual incluye la espada y los espolines.

En el catálogo de la Quinta de Bolívar realizado por Roberto París Gaitán, menciona que en el Salón de Recepciones: “con muebles de bordes blancos y perfiles dorados, cuya tela roja, en armonía con el color de la alfombra y de las cortinas, le infunde un aspecto encendido al ambiente, el salón suroeste, donde el libertador recibía las visitas de amistad, de la política y de la diplomacia, guarda las más preciadas reliquias de su persona y de su acción. Descansa en una vitrina su espada vencedora, en la compañía de una daga de oro que le fue obsequiada. Otra vitrina contiene cabellos suyos, tablitas del ataúd que acogió temporalmente en cofre de plomo sus cenizas, y fragmento de esa cerradura metálica”.
Más adelante continúa París Gaitán: “Proporcionando de él una visión distinta, de vigor y de lucha, sus espolines y los estribos de su montura evocan sus jornadas por las montañas y los valles en persecución de los enemigos de la libertad”, los cuales parecerían estar en la misma vitrina, pues no hay detalle que indique lo contrario.

Como se observa, ya se pasa de la simple y escueta descripción de inventario a una más individual y subjetiva, en la cual los objetos comienzan a recibir una valoración todavía más singular y mítica.

En la Guía editada por la Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá en 1962, y que está ilustrada con dibujos de Enrique Gómez Campuzano, se menciona que en el mismo espacio que describe París Gaitán, se encuentra en un espacio central una vitrina en la que se guardan “objetos de campaña que fueron del Libertador: espada, espolines y estribos”, rodeada por muebles coloniales del siglo XVIII tapizados en damasco rojo.

Más adelante, concretamente en 1965, en el inventario físico en el que aparece como cuentadante el señor Héctor Latorre Prada, figura con el número 73 la espada que usó el Libertador y entre paréntesis: Batalla de Boyacá. Con el número 76, “espolines metálicos, imitación plata, del Libertador (uno sin rodaja) y con el número 86 los estribos de aro, imitación plata (pertenecieron al Libertador) cuyos avalúos se transcriben a continuación:
La espada : 10.000 pesos
Los espolines : 800 pesos
Estribos: 500 pesos

Es de notar que es la primera vez que en los archivos e inventarios se menciona que la espada haya sido usada en Boyacá, y se desconoce en la actualidad la razón de esa catalogación, y por otra parte tanto la espada como los estribos y espolines reciben un nuevo avalúo en pesos, con una cifra que comparada a los otros objetos de la colección pertenecientes a Bolívar, era significativamente más alta que las demás piezas, en particular la cifra de la espada.

Sin que esta información fuera necesariamente compartida con los visitantes, se nota como el tiempo le otorga a esa pieza de la colección cada vez más valores adicionales, además del monetario, lo cual pudo contribuir, entre otras cosas a ser objeto de sustracción del museo por el grupo M-19 en 1974.

Adicional a este hecho y en oficio fechado en enero de 1970, firmado por el administrador de la Quinta Héctor Latorre Prada, se hace constar “que recibo en el mismo estado en que fueron entregados los siguientes objetos de la Quinta y Museo de Bolívar, prestados con destino a la Exposición Conmemorativa del Sesquicentenario de la Creación de Colombia, organizada por el Instituto Colombiano de Cultura (Subdirección de Patrimonio Cultural). La lista de cinco (5) objetos incluye “Una espada con vaina que perteneció al Libertador”, acompañada de la escribanía o tintero de plata, seis medallas bolivarianas, una espada con vaina perteneciente al general Santander y el óleo de Pedro José Figueroa en el que aparece Bolívar con la Alegoría americana”.

Como se comprueba por la lista anterior los objetos presentados en esa muestra eran tal vez las piezas más representativas de la colección bolivariana, que debieron haber capturado la atención del público en dicha muestra así como la de los ideólogos y militantes del M-19, quienes el 17 de enero 1974 sustraen a la fuerza la espada del lugar en el cual había permanecido intacta desde 1945, en una mesa vitrina roja y dorada, en la Quinta de Bolívar, urna que permaneció durante un tiempo más expuesta al público, pero vacía, esperando el regreso del símbolo.

En las paredes dejaron el siguiente mensaje: “Bolívar tu espada vuelve a la lucha”, acompañado del famoso apotegma de Bolívar pronunciado en un discurso el 2 de enero de 1814: “No envainaré jamás mi espada mientras la libertad de mi patria no esté completamente asegurada” En un segundo comunicado del 20 de enero de 1974, el M-19 dice: “La lucha de Bolívar continúa, Bolívar no ha muerto. Su espada rompe las telarañas del museo y se lanza a los combates del presente. Pasa a nuestras manos. A las manos del pueblo en armas. Y apunta ahora contra los amos nacionales y extranjeros. Contra ellos, los que la encerraron en museos enmoheciéndola. Los que deformaron las ideas del Libertador. Los que nos llamarán subversivos apátridas”.

A partir de la investigación realizada por Diana Torres de Ospina sobre los antecedentes de la colección de la Quinta de Bolívar, se destaca como hecho curioso que no se haya generado ningún tipo de denuncio formal por el robo de este importante objeto. Además, parece como si esa sustracción hubiera dejado en evidencia la vulnerabilidad de este Museo en términos de seguridad de sus colecciones, pues existe una lista de más de 35 piezas en su mayoría documentos y un par de objetos según relación de la mencionada investigación que fueron hurtados de la Quinta entre finales de la década del 70 hasta 1990, éstos sí acompañados de sus respectivos denuncios, cifra comparada a los robos de un estuche dorado con cabellos del Libertador y una medalla dorada con inscripción, así como una carta de Manuela Sáenz, con fechas de 21 de septiembre de 1956 y 21 de abril de 1961, respectivamente, según consta en las citadas denuncias.

Si bien el M-19 como gran parte del público de la década de 1960 y 70, veía en los museos ejemplos de un pasado burgués, elitista, estático y anquilosado, es necesario reconocer que a comienzos del siglo XXI, ese paradigma se ha transformado de manera radical, al ser hoy en día lugares que buscan la interlocución constante con sus públicos, por medio del reconocimiento por parte de la comunidad de su actividad como espacios dinámicos, en los cuales es posible el encuentro, el diálogo y la comunicación; hecho al cual no escapa la Casa Museo Quinta de Bolívar que lidera en la actualidad un singular proyecto educativo de construcción de significado con todos los públicos nacionales y extranjeros.

 

NOTAS

[11] Libro de Actas de la Junta de la Quinta y Museo de Bolívar. Casa Museo Quinta de Bolívar, pág. 6
[12]Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá. Libro de Actas 1922-1923. Miércoles 31 de mayo de 1922, pág. 112.
[13] Idem, pág. 116.
[14] Idem, pág. 206
[15] Idem, pág. 208
[16] Idem, pág. 320
[17] Sociedad de Mejoras y Ornato de Bogotá. Libro de Actas 1923-1925, pág. 162.
[18] Idem. pág. 234.


  inicio ] de Damocles y otros aceros pendientes ] Hoja de acero a manera de acta ] Crónica de un robo a menra de acta]

Casa Museo Quinta de Bolívar
Calle 20 nº 2 - 91 este Bogotá, D.C., Colombia
Teléfono (57-1) 284 68 19  Telefax (57-1) 336 64 10